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sábado, 17 de octubre de 2020

Turismo

 En el librito de Michel Houellebecq En presencia de Schopenhauer encontramos esta cita sobre el turismo (p. 81):

La vida de los nómadas, que representa el grado inferior de la civilización, confluye con el grado más elevado en aquello en lo que se ha convertido por lo general en la vida del turista. La primera está provocada por la necesidad, la segunda por el aburrimiento.

Aquí se ve la claridad con la que don Michel interpreta la sociedad en que nos ha tocado vivir. Esa interpretación viene del artista, que posee un conocimiento diferente del que produce el científico social.

Como bola extra, esta otra cita, ahora de Schopenhauer (p. 53):

Spinoza dice (Epist. 62) que si la piedra lanzada por los aires por un golpe tuviera conciencia, creería que se desplaza por su propia voluntad.

Referencia

Houellebecq, M. (2007). En presencia de Schopenhauer. Anagrama. 

domingo, 11 de octubre de 2020

Apuntes de una noche inolvidable

A beneficio de inventario, transcribo aquí una crónica publicada en La Vanguardia por Agustí Calvet, Gaziel, el 11 de octubre de 1934. El texto original puede consultarse aquí y aquí.

Para los catalanes de mañana.- Apuntes de una noche inolvidable.- Tomados al hilo de los acontecimientos durante las jornadas de los días 4, 5, 6 y 7 de octubre de 1934. 

Jueves, día 4.- A las seis y cuarto o seis y media de la tarde, estando yo en mi despacho, me entran la lista del nuevo Gobierno Lerroux, que acaban de transmitir los teletipos de la Delegación de La Vanguardia en Madrid. En seguida me digo: esto va a ser el botafuego. A los elementos exaltados de la Generalidad, ese Gobierno, que nada tiene de temible, les va a hacer el mismo efecto que le hace a un toro un trapo rojo.

Me quedo largo rato perplejo. Tengo compuesto, en pruebas, encima de la mesa, un artículo mío, escrito para mañana viernes. Se titula Las armas de la Generalidad, y lo he escrito expresamente ante los anuncios bélicos, a mi juicio catastróficos, que me traen mis informadores cerca del Gobierno de Cataluña. En ese artículo defiendo un criterio diametralmente opuesto al que parece va dominando por momentos en la Generalidad. ¿Qué hacer? Si lo publico, según como vayan las cosas, me expongo a que me acusen -como otras tantas veces- de derrotista, de mal patriota. Pero la hora es demasiado grave. Mi deber de catalán, mi honradez de publicista es claro. Aprieto el botón de un timbre. Entra un ordenanza. Le doy las pruebas de mi artículo: «Que se publique mañana».

Viernes, 5.- Paro general, dispuesto por elementos al servicio del Gobierno de Cataluña. Cosa nunca vista: un paro de esta clase, organizado por el Poder público.

En fin: desde mi casa de Sarriá hay que bajar a Barcelona. No circulan trenes ni tranvías. Apenas hay algún taxi. Bajo en un auto de alquiler que casualmente lleva patente particular y parece un coche propio. A pesar de ello, en la calle de Balmes, ante la Confederación de la Industria Taxista, nos detienen en forma destemplada. Aducimos algunas razones y, mientras vacilan, continuamos. Llego al periódico. Recibo informes toda la mañana. Las cosas parecen agravarse. En la Generalidad hay un optimismo, una actividad, una fiebre realmente extraordinarios.

A la hora convenida para volver a casa, no encuentro en la calle mi auto de alquiler. ¿No habrá podido venir? ¿Le habrá ocurrido algo? Apenas circula algún vehículo. Las calles rebosan de gente que sale de los despachos medio cerrados o viene de «ver qué pasa», y se dirige a comer. Yo no puedo ir a Sarriá, para volver por la tarde y regresar por la noche, siempre andando. Comeré en el restorán.

Imposible: todo está cerrado. Llamo en algunos establecimientos. No me contestan. Incluso en varios hoteles veo las sillas del comedor encima de las mesas. Un detalle admirable: sólo están abiertos los estancos. Solución: comeré algo en el periódico mismo, de una taberna vecina que está en la calle de Tallers. Y, en efecto, de allí me traen un par de platos populares. Pero lo extraordinario son los postres.

Estaba terminando de comer, cuando se me presentan, como llovidos del cielo, cinco hombres con otras tantas pistolas. Uno lleva pantalón corto y polainas, otro viste de mecánico, y los demás, como obreros cualesquiera. ¿Por dónde han venido? No sé. ¿Quiénes son? Tampoco. Pero lo que quieren es indudable. Apuntándonos unas armas magníficas, unas estupendas pistolas de repetición, nos echan materialmente a la calle a todos cuantos nos hallamos en el periódico, con gestos harto expresivos y frases poco corteses. Y nada más. ¡Pues, señor, sí que están poniendo bien las cosas!

Damos una vuelta hasta la plaza de la Universidad y volvemos al periódico. No habrá manera de sacarlo mañana. Los obreros han recibido orden de paro. Se hacen difíciles las comunicaciones. Digo a todo el personal que se retire, y a las siete de la tarde me voy también a mi casa, hasta Sarriá, andando. La calle de Muntaner y el paseo de la Bonanova, casi desiertos. El alumbrado brilla en la noche serena, demasiado bochornosa, casi de verano todavía. El aire sólo sopla a intervalos. De los jardincitos que rodean las «torres» vienen ráfagas perfumadas de jazmín invisible.

Después de cenar escuchamos lo que dice la radio. La emisora de Radio Barcelona, informada por la Generalidad, esparce noticias graves, de Eibar, Mieres, Medina de Rioseco, El Ferrol, Cartagena, etc. En Madrid la situación no es muy clara. ¿Qué habrá de todo eso?...

Sábado, 6.- A primera hora la radio sigue dando noticias parecidas a las de anoche. Bajo al centro de Barcelona, hasta La Vanguardia, a pie. Las cosas van empeorando durante la mañana. En las calles circula mucha menos gente que ayer. El paro prosigue y se intensifica, por orden gubernativa.

A las doce y cuarto, estando en mi despacho, solo, en la casi completa soledad de los talleres y oficinas del periódico, oigo inesperadamente, por el aparato de radio, que el consejero de Gobernación, señor Dencás, anuncia la salida a la calle de los somatenes adictos a la Esquerra para que garanticen, dice, el orden público contra la F.A.I. ¿contra la F.A.I.? Me quedo pensando qué habrá en el fondo de esa extraña orden. Esto se pone feo. A las dos menos cuarto me voy a comer a casa de mis amigos S., que viven en el Ensanche, para no tener yo que ir a Sarriá.

Subiendo por el paseo de Gracia me encuentro, en el cruce con la Gran Vía, frente a la Horchatería Valenciana, a un grupo de somatenistas recién salidos a la calle. Van sin orden alguno y llevan las armas como mejor les parece. Un pasante dice con admiración: «Todas son Winchester».

Un poco más arriba, exactamente ante el edificio de Lliga Catalana, veo bajar por el paseo central un automóvil descubierto, a gran velocidad. Lleva dos hombres delante y dos detrás. La carrocería es de color oscuro, con un ribete rojo, y tiene plegada la capota gris. El hombre que va en el asiento de atrás, a la derecha, es Badía, el famoso ex jefe de los servicios de policía de la Generalidad. Con la cabeza descubierta y los cabellos negros echados al viento, su cara enjuta y morena tiene una expresión satisfecha, casi risueña, de mando resuelto y de seguridad en sí mismo... Un poco más arriba del paseo, ante el Círculo Ecuestre, hay un numeroso grupo de socios a la puerta, mirando todavía, como embobados, hacia el auto que desapareció a lo lejos.

Llego con retraso a casa de mis amigos S., que me esperan para comer. Y apenas entro, mis informadores me laman al teléfono. Las noticias son francamente malas, Dencás -me aseguran- ha desbordado a Companys (que, según dicen, no se enteró de la salida a la calle del somatén armado hasta que ya estaba hecha); pero Badía está desbordando a Dencás y es el verdadero dueño del momento. Los elementos de la Alianza Obrera, por su parte, han entrado en gran actividad, requisando todos los autos particulares que encuentran e instalándose en algunos edificios ajenos, como el antiguo local de Fomento.

A los pocos minutos, otra llamada. Mi informador me asegura, esta vez, que «los de la Generalidad van a jugar fuerte». Entre cuatro y cinco de la tarde se espera una declaración sensacional. Yo me resisto a la noticia: todavía creo en el seny catalán... Y después de comer, unos amigos me llevan en auto a mi casa.

Tarde interminable. No puedo hacer nada, ni leer, ni distraerme. Un desasosiego interior me atormenta con insidiosos, con indefinibles presentimientos. Me siento junto al luminoso ventanal abierto. Desde las alturas de mi casa diviso a Barcelona extendida a los pies de Montjuich, con una ancha franja de mar a ambos lados de la montaña y el cielo inmenso abierto encima. No sé por qué me quedo varias veces absorto, contemplando ese panorama familiar, archisabido, que veo todos los días, pero que hoy parece tener un significado misterioso, profundo distinto del ordinario.

A cada momento me levanto. Se me ha estropeado el teléfono. Estoy, pues, incomunicado. Entonces me refugio en la radio, al acecho de la declaración anunciada, que se va retrasando de hora en hora. Por fin, al atardecer, nos dicen que el Presidente de Cataluña hablará al pueblo a las ocho desde el balcón de la Generalidad. Salgo a dar un paseo para distraer la impaciencia, y a las ocho en punto estoy de vuelta y ante el aparato.

No se hacen esperar mucho. Conectan con el propio balcón de la Generalidad. La silenciosa estancia donde yo escucho inunda de un bronco rumor, como de hervidero humano. Es el gentío apiñado en la plaza de la República. Miro al paisaje, aguardando. La masa de la ciudad lejana aparece inmóvil, serena, bajo la noche en calma. Parece mentira que de aquel fondo plácido pueda brotar ese rumor de marejada ardiente. Se oyen pasos. Alguien se acerca al balcón. Es él: el Presidente. Es Companys. Una estrepitosa ovación saluda su presencia ante el pueblo. Alguien le habla al lado, en voz baja, en tono vivo, como si le azuzara. Y la voz característica del Presidente, con su acento leridano, se alza en medio de un silencio imponente: Catalans!... Habla fuerte, habla tan claro, tan firme, que seguramente está leyendo lo que dice. Y sus palabras son como otros tantos relámpagos. Proclama el Estado Catalán dentro de la República Federal Española, ofrece asilo al Gobierno provisional que se forme y, finalmente, rompe las relaciones con el Gobierno de Madrid.

Es algo formidable. Mientras escucho me parece como si estuviera soñando. Eso es, ni más ni menos, una declaración de guerra. ¡Y una declaración de guerra -que equivale a jugárselo todo, audazmente, temerariamente-, en el preciso instante en que Cataluña, tras largos siglos de sumisión había logrado, sin riesgo alguno, gracias a la República y a la Autonomía, una posición incomparable dentro de España, hasta erigirse en su verdadero árbitro, hasta el punto de poder jugar con sus gobiernos como le daba la gana! En estas circunstancias la Generalidad declara la guerra, esto es, fuerza a la violencia al Gobierno de Madrid, cuando jamás el Gobierno de Madrid se atrevió ni se habría atrevido a hacer lo mismo con ella. Y eso, ¿por qué? Por una República Federal Española que nadie pide en España, cuando menos ahora, y por un Estado Catalán que, dada ya la existencia de la Generalidad, no se necesita para nada... Estoy bañado en sudor, realmente aterrado. Y luego me doy cuenta, porque ya no escucho, de que han quitado la comunicación con el palacio presidencial.

Me levanto casi tambaleando, como el hombre a quien acaban de dar varios mazazos en la frente. ¿Era, pues, verdad? Esto ya no tiene remedio. Y como creo conocer un poco a Companys, y no le tengo por loco, ni menos por imbécil, me digo que, cuando él ha hablado así, de tan espantosa manera, con sus razones contará y con sus medios a mano, seguros, infalibles. Y entonces me asusto más todavía, porque me digo que sin duda nos aguardan terribles acontecimientos, una verdadera guerra civil, larga, feroz e incalculable...

Después de hacer como que cenamos, vuelvo a escuchar la radio. No dice nada interesante. ¡Y algo debe ocurrir, sin embargo, por esos mundos de Dios! Pero he ahí que, a las diez y media, bruscamente, nos anuncian que las tropas del Gobierno de Madrid han intentado asaltar la Consejería de Gobernación, pero han sido rechazadas. ¡Ah, Dios mío! ¡Ya se armó la cosa!

Entonces comienza la noche terrible, la trágica noche que los catalanes no podremos olvidar jamás. Lo digo sin exagerar lo más mínimo: la peor noche de mi vida. Una vela espantosa, hasta rendirme, hasta extenuarme, ante ese aparato infernal, pendiente de las cosas fantásticas, monstruosas, enloquecedoras, que de él van brotando. Nunca sentí con tanta fuerza, ni con tal impotencia de mi parte, la pesadumbre abrumadora de un destino adverso.

Poco después del primer ataque, anuncian otro al Palacio de la Generalidad. Esta vez, a través del micrófono, mezcladas con las palabras, oímos claramente el crepitar de las descargas. Mientras escucho el combate invisible, por el amplio ventanal de mi estancia, abierto a la frescura de la noche oigo las mismas detonaciones, pero en otro plano y en tono distinto, resonando a lo lejos, en el seno de la oscura masa urbana sumida en la sombra y salpicada de puntos de luz. Viene del fondo un rumor retumbante. Y, en seguida, la radio anuncia que la artillería está bombardeando el Centre de Dependents, en la Rambla de Santa Mónica. Pero nos dicen que también los artilleros han sido puestos a raya y que las fuerzas de la Generalidad triunfan en todas partes. No lo entiendo bien, ni puedo figurármelo, pero sigo escuchando con el alma pendiente de un hilo.

Empiezan las horas de locura. Cada cinco o diez minutos, en un tono exaltado y nervioso, en sensible crescendo, nos van dando noticias. La Generalidad sigue dominando y triunfando, pero no calla ni un segundo ¿Cómo es posible combatir, o dirigir el combate, y al mismo tiempo charlar de ese modo casi delirante? No nos dejan ni reflexionar. Cuando no hablan tocan discos de gramófono.

Hay una contradicción angustiosa entre el escándalo que levanta la radio y esa serenidad profunda de la noche sobre la ciudad. Diríase que Barcelona, vista de lejos, está en calma, y que la fiebre que sentimos se debe tan sólo a esa caja demente que nos lanza discursos inflamados, sardanas, rumor de descargas y boletines de victoria. La Santa Espina, Els Segadors, La Marsellesa, El Virolai, El Cant de la Senyera, con sus voces vibrantes o melancólicas de hombres, mujeres y niños -esas voces amadas del Orfeo Catalá-, procuran entusiasmarnos o distraernos, pero en realidad sólo consiguen aturdirnos espantosamente.

Eso es, en efecto, algo que no debe haber ocurrido nunca en el mundo, ni en Sudamérica, ni en los Balcanes, ni en China: un combate decisivo, a sangre y fuego, en el que se juega el presente de todo un país, y que se va dando por radio, entre alocuciones frenéticas y discos de gramófono. Si yo no lo hubiese vivido, no lo creería; pero las cosas ocurrían, por ejemplo, así: «Catalans! -decía de pronto el speaker-: Catalans! Catalans!... Atenció! Atenció!... Us va a parlar el Conseller de Gobernació de la Generalitat de Catalunya.» Y, en efecto, el general en jefe de las tropas catalanas se ponía al micrófono, dos, cinco, diez veces, y decía cosas como estas: «Catalans! Les tropes del Govern monarquitzant i feixista han provat d'assaltar la Cancillería de Gobernació i la Generalitat, peró han estat retxassades (sic) victoriosament, Visca Catalunya!» Pero más tarde, a medida que avanzaba la noche y crecía la angustia de los radioescuchas, el Consejero comenzó a gritar por la radio: «Catalans! Dempeus! Catalans! Alceu-vos en armes!» Pero, ¿para qué? ¿No estaban ya alzados, a aquellas horas, cuantos debían alzarse? Probablemente no, porque el extraño general que peroraba, más que combatía, continuaba llamando con la mayor urgencia a los socialistas, a los «rabassaires», a todo el que quisiera darse por aludido, hasta a los comunistas.

¿Un hombre de gobierno, pidiendo auxilio a los comunistas?... Poco después, con voz ya extenuada, se dirigían verdaderos y claros llamamientos a los pueblos cercanos a Barcelona para que mandasen a toda prisa refuerzos. ¿Refuerzos a los vencedores? ¿Y cómo podían venir, a altas horas de la noche, sin saber qué hacer, y dónde ni a quién dirigirse?.... Y así estábamos millares de catalanes, desconcertados y embrutecidos, oyendo cosas descomunales y sin poder hacer nada. Y lo más terrible es que, después de las noticias o las alocuciones tremendas, el speaker decía con una naturalidad espeluznante: «Vamos a continuar con Les Flors de Maig, de Clavé.» Y, en efecto, de aquel abismo sonoro, al que estábamos asomados con el alma entera desde hacía diez horas, mirando qué se decidía en su fondo vertiginoso, si la ruina o la salvación de la patria, surgían, insoportables, horribles, como mofas o blasfemias, unas voces melifluas cantando: Sota d'un sálzer -sentada una nina... Yo creo que nunca más podré escuchar, sin un estremecimiento de horror instintivo, esas abominables melodías.

Llegó un momento, ya a altas horas de la noche, en que el Consejero parecía poseído materialmente de una suerte de delirium tremens revolucionario. Llamaba a los catalanes, llamaba a los demás españoles, llamaba a las sombras de la noche, y las llamaba en castellano, con voces embarulladas y febricitantes. Una vez, acabó dando un gran «¡Viva España!», y en torno a ese grito resonaron nerviosos aplausos. ¿De quiénes?... Yo no podía más.

A las tres y media oí vagamente que todos los concejales estaban reunidos en el Ayuntamiento, para tomar acuerdos. También dijeron -y esto ya lo recuerdo como en el final de una pesadilla espantosa- que los «nuestros» habían tenido sólo nueve bajas y «el enemigo» muchísimas más; y, finalmente, que las fuerzas de la Generalidad habían copado un pelotón de soldados, haciendo treinta prisioneros, «que han sido desarmados y tratados como prisioneros de guerra».

Seguían los discos, y yo, rendido de cansancio -desde las cuatro de la tarde de ayer, hacía doce horas, estaba escuchando la radio-, corté la comunicación y me quedé dormido en mi asiento.

Domingo, 7.- ¿Dormido? No sé. Pero una hora después, a eso de las cinco y cuarto, la primera luz de alba, entrando por el ventanal abierto -que dejé oscuro, y ahora veo lleno de pálida luz-, me despierta con sobresalto. Un silencio asombroso. Me levanto. Me asomo a la barandilla. Miro hacia Barcelona. Una franja de cielo rojizo detrás de Montjuich. Una colcha de vaho y de niebla caliginosa, sobre la ciudad extendida. Ya sólo brillan tres o cuatro luces entre el caserío. Las fachadas lejanas tienen la palidez mate del amanecer. Escucho atentamente: ni el más leve ruido. Todo está callado, todo está desierto. Dos pájaros vuelan sin remover el aire, por el paseo de la Bonanova, de árbol en árbol. Miro al aparato de radio, a la caja infernal. ¿Qué pasará? ¿Qué habrá ocurrido en esa hora escasa que he dormido?

Temo saberlo. Pero el silencio es también otro tormento. Me acerco al conmutador. Le doy vuelta. Se enciende la lamparilla mágica. El corazón me tiembla, como el pulso. Un leve chasquido y ¡aquí está la misteriosa onda sonora! ¿Qué dice? Está mal regulada; no entiendo. Manejo las claves y... ¡santo Dios! ¡¡¡Todavía están cantando!!! Es inexplicable. Oigo Los Pescadors, de Clavé, las Fulles seques, de Morera; el Himno de Euzkadi, una alborada gallega. Estoy espiando lo que dirá el speaker después de cada pieza. Pero el speaker, con voz enronquecida y aliento exhausto -es el mismo de anoche, está ahí, como yo, desde ayer-, al terminar un disco se limita a declarar cruelmente: «Acabem d'oir Els Segadors. Ara oirem La Santa Espina.» Y repite lo mismo en castellano. ¡Nada más!

La musiquilla me destroza el alma. Pero, ¿cómo suprimirla? Si la quito me expongo a perder la palabra reveladora, la noticia anhelada. Soy como un miserable condenado a atravesar con pies descalzos un banco de ostras perleras, que le hieren y desgarran las plantas con sus cortantes aristas, y con todo, no sabe, no puede dejar de ir pisándolas y abriéndolas de una en una, temeroso de que si desprecia una sola, será la salvadora, la que contiene el codiciado tesoro.

Siento frío. Me pongo a pasear por la habitación. La luz va creciendo en silencio. La franja roja ha desteñido por todo el cielo, ahora de color de rosa. ¡Qué amanecer sereno! Están haciendo los días más espléndidos, más insolentemente bellos del otoño. El cielo y el aire, en su infinita indiferencia, tienen una serenidad aplastante.

Del mar lejano brota un rayo de sol que viene a pintar de luz la jaula de un balcón vecino. El ave prisionera se desvela y lanza un trino purísimo, de agradecimiento. Pasa otro rato de silencio. Dan las seis en la torre parroquial de Sarriá: suenan claras, lentas, casi luminosas, en el aire mañanero. No puedo más: la luz me ciega. Voy a irme a la cama. Y, de pronto, una voz nueva, grave, dice textualmente: «Atenció! Atenció! Atenció! Catalans! Catalans! Catalans!... Se us parla des del Palau presidencial de Catalunya... Atenció! Atenció! Atenció!... El President de la Generalitat, considerant esgotada tota resisténcia, i a fi d'evitar sacrificis inútils, capitula. Y aixi acaba de comunicar-ho al comandant de la quarta divisió, senyor Batet.»

¡Cómo! ¿Qué?... Lo repiten una vez y otra vez, hasta cuatro o cinco, en catalán y lo declaran también en castellano. Yo me dejo caer sobre un taburete, con la sangre helada en las venas, estupefacto, estúpido, mirando delante de mí. Debo de tener la expresión del hombre que se queda ciego instantáneamente. ¡Y para eso se declaró ayer la guerra, a las ocho de la noche! ¿Para perderlo todo diez horas después? ¿para que la Generalidad, tras de haber tenido todo el tiempo deseable, toda la libertad de movimientos apetecibles para preparar esta aventura, y después de no haber sido compelida ni obligada a emprenderla, sino de haber tomado ella misma la iniciativa, y escogido la coyuntura, la hora precisa que más le convenía, haya acabado dando a los enemigos de Cataluña el enorme gustazo de verla descartada, reducida a la impotencia, anonadada, en un abrir y cerrar de ojos, y a sus amigos el dolor de tener que abandonarla como se abandona un demente?...

A la segunda vez de oír la capitulación tremenda, como si mi cerebro fuese de cera blanda, me sé ya de memoria todas las palabras. Mientras el speaker las va repitiendo, yo se las dicto un instante antes, como un apuntador sonámbulo. La palabra CAPITULA la veo tan inmensa, que me tapa por completo toda la luz del día. Y un largo rato, a solas, de mis ojos que ya no ven nada, y de mi corazón, que ya no puede sentir más, se me saltan en silencio, involuntariamente, inútilmente, las lágrimas. 

sábado, 4 de julio de 2020

El que hem menjat



A los setenta y tres años, Josep Vergès le encarga a Josep Pla un libro sobre gastronomia, El que hem menjat. La edición original incluía fotos de Francesc Català Roca, de las que se ha prescindido en la edición de la Obra Completa de Destino, en la que ocupa íntegramente el volumen 22. Es una obra muy digresiva, valiosa sobre todo por la muestra de estilo planiano. Recogemos aquí algunos fragmentos:

Si hi ha una cosa pesada, en aquest món, són els embriacs. La profunditat dels embriacs és falsa.
(Els aperitius, p. 36)

L'all és, probablement, el fonament multisecular de la sobrietat espartana de la vida rural.
(Cuina de l'oli i cuina de la mantega. Les salses, p. 57)

L'home i la dona no es manifesten mai tal com són: gairebé sempre perquè creuen que no els convé; de vegades, perquè la seva expressivitat és escassa. A taula tot pot quedar lleugerament suavitzat i vagament intel·ligible dintre l'enorme plasticitat de l'espècie humana. L'única cosa real, en aquesta vida, és la solitut total.
(Formes de la pasta, p. 114)

És clar que els homes i les dones que poblem la naturalesa som tan monstruosos com els altres éssers d'aquest món, però hem acordat que el fet no és cert, perquè ens trobem dins un corrent cultural que, a l'antiga Grècia, inventà el canon humà, i encara en vivim.
(La cuina del peix, p. 255)

La cuina és l'art de valorar els contrastos, d'integrar-los, de fondre'ls. És un art orfeònic, per dir-ho en grec. Les integracions simfòniques culinàries no poden fer-se amb elements absolutament aberrants, sinó amb elements diferents, capacitats per a produir, amb al seva fusió en la seva composició, un element nou i de qualitats superiors al de la seva primarietat.
(La cuina del peix, p. 258)

De jove, vaig ésser sensible a l'allioli. Hi vaig accedir moltes vegades. Vaig passar molts anys bevent, fumant, llegint i enraonant. No vaig arribar a ésser mai un orador apreciable. La meva solitud fou total. El tuf de l'all era insuportable, peo la solitud fa totalment innecesaris tots els sentits personals. De vell vaig deixar moltes coses enrera.
(Salsa a la maonesa i allioli, p. 367)

Com més densa és la població i les comunicacions més còmodes i fàcils i més assequible és el tracte amb les persones, més gran és la solitud i més notòria és la situació marginal.
(Cuines d'estiu: plats de festa major, p. 383).

(...) calia inventar un cafè basat en la pura il·lusió de l'esperit, és a dir, el cafè innocu i de tota confiança per a víscera anímica. La necessitat era forta, atesa, sobretot, la presència d'una fabulosa quantitat de gent que no aspiren més que a la seguretat i l'immobilisme - gràcies al socialisme.
(Cafè descafeinat, p. 525)

lunes, 15 de junio de 2020

Angelus Novus





Klee pintó la acuarela Angelus Novus en 1920, y Benjamin la adquirió en 1921. La guardó primero en el apartamento de Gershom Scholem y Elsa Burchardt, quienes se la enviaron a Berlín a finales de noviembre. Benjamín se la llevó consigo en el exilio,  y sólo cuando tuvo que abandonar París se la confió a Georges Bataille junto con sus documentos. Actualmente se encuentra en el Museo de Israel en Jerusalén. Angelus Novus inspiró la Tesis IX sobre el concepto de Historia:

Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. Representa a un ángel que parece estar a punto de alejarse de algo a lo que está clavada su mirada. Sus ojos están desencajados, la boca abierta, las alas desplegadas. El ángel de la historia tiene que parecérsele. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. Lo que a nosotros se presenta como una cadena de acontecimientos, él lo ve como una catástrofe única que acumula sin cesar ruinas sobre ruinas, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer los fragmentos. Pero desde el paraíso sopla un viento huracanado que se arremolina en sus alas, tan fuerte que el ángel no puede plegarlas. El huracán le empuja irresistiblemente hacia el futuro, al que da la espalda, mientras el cúmulo de ruinas crece hasta el cielo. Eso que nosotros llamamos progreso es ese huracán.

Referencias

El texto de la tesis IX está tomada de http://www.mural-abad.net/castellano/1_1.html. Es la traducción de Reyes Mate, en: Medianoche en la historia. Comentarios a las Tesis de Walter Benjamin Sobre el concepto de historia, Madrid: Trotta, 2006, p. 155.
La información sobre la acuarela está tomada de la edición de Abada de las Obras de Walter Benjamin (libro 1, volumen 2).

domingo, 14 de junio de 2020

La decadencia de la civilización occidental

La contribución de Jordi Llovet a La universidad cercada: testimonios de un naufragio se titula Diálogos estériles y una carta. Relata su desafortunada participación en una comisión promovida por Cristina Garmendía para la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior en la universidad española. Gran parte de la contribución es una carta enviada al Director General de Universidades de la época, Felipe Pétriz, resumiendo sus opiniones al respecto. La carta es impagable, y ella sola justifica la compra del volumen.

Para Jordi Llovet, la universidad ha de ser "una especie de resto medieval-renacentista-ilustrado del prestigio de la aristocracia espiritual y del mérito", en la que han de tener un papel principal los estudios de letras, pues "las enseñanzas de informática, tan en boga, resultan en poca cosa si se comparan con las enseñanzas de la literatura, de la filosofia y aun de la teología". En todo caso, la humanidad va cuesta abajo al menos desde el siglo XIX. Así lo atestiguan dos citas de Jordi Llovet de la correspondencia de Flaubert. Ya en 1872, Flaubert se quejaba amargamente a su amigo Iván Turgéniev en los siguientes términos:
¿Ha leído usted la circular de Simon acerca de la educación pública? El párrafo dedicado a los ejercicios físicos es más largo que el dedicado a la literatura francesa. ¡Dónde iremos a parar!
El que les escribe no puede estar más de acuerdo con el maestro. Pues grande fue su alegría cuando, a llegar a COU, desapareció para siempre la educación física del cuadro de asignaturas. Aunque no sé si compartir la otra opinión de Flaubert que Llovet espiga de su correspondencia:
¡Menudo jaleo ha provocado la industria en el mundo! ¡Qué escandalosa es la máquina! A propósito de la industria, ¿has pensado alguna vez en la cantidad de profesiones idiotas que genera y la cantidad de estupidez que, a la larga, engendrará?
Como cometí el error de estudiar ingeniería industrial, siento ahora remordimientos de conciencia por contribuir a la decadencia de la civilización occidental que se inició, según Jordi Llovet, con la llegada de la Revolución Industrial.

sábado, 10 de agosto de 2019

Crítica literaria anglosajona

En su reseña de la traducción de Eugenio Onegin de Vladimir Nabokov, Edmund Wilson intenta dar lecciones de ruso y de traducción a Nabokov. La respuesta de éste es devastadora, e incluye una precisa descripción de la crítica literaria anglosajona, más preocupada por si el autor es "compasivo" o deja de serlo, en vez de discutir los méritos del libro.

My most serious failure, according to Mr.Wilson.,“is one of interpretation." Had he read my commentary with more attention he would have seen that I do not believe in any kind of “interpretation" so that his or my "interpretation" can be neither a failure nor success. In other words, I do not believe in the old-fashioned, naive, and musty method of human-interest criticism championed by Mr. Wilson that consists of removing the characters from an author's imaginary world to the imaginary, but generally far less plausible, world of the critic who then proceeds to examine these displaced characters as if they were "real people."


miércoles, 7 de agosto de 2019

Examen

Esta descripción de un examen apareció en la entrevista que Alvin Toffler hizo a Vladimir Nabokov para Playboy, recopilada en Strong Opinions:

For some reason my most vivid memories concern examinations. Big amphitheater Goldwin Smith. Exam from 8 A.M.to 10:30. About 150 students--unwashed,  unshaven young males and reasonably well-groomed young females. A general sense of tedium and disaster. Half-past eight. Little coughs, the clearing of nervous throats, coming in clusters of sound, rustling of pages. Some of the martyrs plunged in meditation, their arms locked behind their heads. I meet a dull gaze directed at me, seeing in me with hope and hate the source of forbidden knowledge. Girl in glasses comes up to my desk to ask: "Professor Kafka, do you want us to say that...? Or do you want us to answer only the first part of the question?” The great fraternity of C-minus, backbone of the nation, steadily scribbling on. A rustle arising simultaneously, the majority turning a page in their bluebooks, good team work. The shaking of a cramped wrist, the failing ink, the deodorant that breaks down. When I catch eyes directed at me, they are forthwith raised to the ceiling in pious meditation. Windowpanes getting misty. Boys peeling off sweaters. Girls chewing gum in rapid cadence. Ten minutes, five, three, time's up.

lunes, 1 de abril de 2019

Cultura, ¿para qué?


En homenaje a Rafael Sánchez Ferlosio, en el día de su muerte. Artículo publicado en EL PAÍS, el 25 de julio de 1998.


En principio no debería merecer más que alabanzas el que hace obras de misericordia, entre las cuales, aunque no con el apremio de "dar de comer al hambriento" o "vestir al desnudo", se incluye, como es harto sabido, la de "enseñar al que no sabe". Ya sé que hoy son cada vez menos los que sienten de este modo, pero yo, estando irrecuperablemente anclado en el Ancien Régime, no puedo seguir la actual resurrección de Mandeville, patriarca de las doctrinas liberales en el rechazo de la caridad, como virtud de efectos económica y socialmente perversos; un rechazo que se ha impuesto hasta el extremo de convencer a la propia Iglesia Católica Romana de que abandone la palabra "caridad", de acuñación incluso precristiana y de etimología tan poco ideológica como la de sustantivo abstracto del adjetivo "carus" ("querido"). Los cristianos y católicos sabrán en qué miserable ejercicio limosnero han arrastrado por los suelos esa virtud destinada a ser el sol de las virtudes, en torno al cual habrían de girar como planetas todas las demás, pero el caso es que hoy se avergüenzan incluso de su nombre. Hasta el Sumo Pontífice, en su encíclica "Sollicitudo rei socialis", del 30 de diciembre de 1987, la ha suplantado con un término jurídico, extraído del Derecho Mercantil -donde, por lo que creo, define un tipo de compromiso contractual entre los inversores asociados en la fundación de una sociedad comercial-; me refiero, huelga decirlo, a la palabra "solidaridad". Esta palabra aparece 27 veces en la encíclica citada, mientras que "caridad" aparece sólo 2, y, por lo que parece colegirse, únicamente en referencia al amor entre hermanos en la Fe y sólo en tanto que unidos a través del Cuerpo Místico de Cristo.Mientras tanto, nadie ha reparado en el diferente espectro semántico de las posibilidades constructivas de una y otra palabra: mientras "caridad" admite perfectamente "caridad con el enemigo", en cambio "solidaridad con el enemigo" connota inmediatamente "felonía" o "traición". De manera que, a despecho de salir toda empringada, emporcada y goteante de bodrio y de bazofia (recuérdese que el sentido peyorativo de estas dos palabras se ha perpetuado por haber designado durante mucho tiempo la "sopa boba", sopa de caridad que algunas órdenes religiosas repartían entre los indigentes desde el umbral de la puertecilla trasera de las tapias del convento) del miserable tráfico de conciencia entre hartos y famélicos a que los cristianos dejaron reducida la que tenía que haber sido el sol de las virtudes, sin embargo el mero nombre "caridad" ha conservado milagrosamente -tal vez porque la anónima lengua es más fiel y más piadosa que la religión- la capacidad semántica de sustentar sin menoscabo alguno combinaciones sinsemánticas como la más arriba mencionada, que la palabra que ha venido a suplantarla repele, en cambio, como un contrasentido o antisentido.

Pero las obras de misericordia resultan especialmente meritorias y admirables cuando el que las hace está lejos de ser ningún cristiano al uso, virtuoso de misa de alba, sepulcro blanqueado, sino que es, por el contrario, un convencido y declarado liberal, lector de Hayek, y que debe de tener bien arraigada la doctrina ortodoxa sobre la caridad y sus "efectos perversos", como el actual Ministro de Cultura, doña Esperanza Aguirre, junto con su subordinado el Director General del Libro, don Fernando Rodríguez Lafuente. En efecto, refiriéndose a cierto curso sobre la traducción, en la Universidad de Verano de San Lorenzo, nuestro siempre querido y benemérito, etcétera, diario monárquico de la mañana de fecha 14 de julio del año en curso, decía entre otras cosas: "Si por la mañana se exhibía la cruz de la moneda (las deficiencias de una política de apoyo a la traducción), por la tarde se presentó la cara. El director general del Libro, Fernando Rodríguez Lafuente, llegaba con un as bajo la manga a una mesa redonda sobre las posibilidades de fomento de la literatura española a través de la traducción: Cultura aumentará el próximo año los programas de ayuda a la traducción y edición en lenguas extranjeras de autores españoles. Si este año el presupuesto es de 59 millones de pesetas, en 1999 ascenderá a casi cien millones de pesetas. Una buena noticia, ya que se podrán atender, según Rodríguez Lafuente, casi todas las demandas, que son muy numerosas. "El auge de la literatura española en el mundo es cada día más importante -añade- y estos programas se han convertido en unos de los más relevantes de la Dirección General del Libro, porque nos permiten proyectar en el extranjero la literatura española"". No obstante, sin menoscabo de mi anticuado sentir hacia las obras de misericordia, la principal objeción que se me ocurre viene del hecho de que, según tengo entendido, los países que se citan como beneficiarios: Portugal, Italia, Francia, Alemania, también tienen sus propios ministerios de cultura o instituciones estatales análogas, y algunos seguramente con mayor dotación presupuestaria que el ministerio de Doña Esperanza. De modo que no creo incurrir en ningún egoísmo personal, sino tan sólo atenerme a los supuestos convencionales del Estado y de sus ministerios y a las expectativas del hoy tan halagado y ensalzado "contribuyente", si digo que la función primordial del ministerio de cultura español parece más bien que sería, casi por definición, preocuparse de la cultura de los españoles, en vez de dedicarse a la obra de misericordia de "enseñar al que no sabe" en favor de los naturales de otros países y hablantes de otras lenguas, pues, ¡qué le vamos a hacer!, el Estado es, o al menos así lo suponen hoy en día "Los Contribuyentes", una institución congénitamente egoísta, y salvo que el Ministerio de Cultura ande tan sobrado de asignación presupuestaria -cosa que, sin querer pecar de malicioso, me temo que está incalculablemente lejos de lo necesario-, no puedo aprobar de ningún modo que asignen ninguna cantidad para la obra de misericordia de traducirles a los alemanes, franceses o italianos libros españoles, en lugar de dedicar todo su empeño y todos sus haberes a la apremiante y secularmente retrasada tarea de traducir al castellano (no hablo del catalán porque supongo que esa es una competencia transferida a la Generalitat) todo un océano de obras extranjeras que permanecen todavía intraductas, si se me admite la expresión, desde la Antigüedad hasta nuestros días.

El más inteligente de los españoles -cuyo nombre, por desventura, no he sabido nunca-, autor de un "Arte de tocar las castañuelas", empezaba el prólogo de su tratado con esta declaración absolutamente ejemplar y memorable: "No hace ninguna falta tocar las castañuelas, pero en caso de tocarlas, más vale tocarlas bien que tocarlas mal". Si esto dijo aquel hombre, acertando a iluminar a la vez la ética y la estética con un mismo y único resplandor de luz, refiriéndose a la declaradamente inútil dedicación de tocar las castañuelas, bien cabe aplicar lo mismo a otras dedicaciones que, en cambio, tienden a ser consideradas, en principio, necesarias, como las obras de misericordia. Viene esto a cuento de que en el número de El País del mismo día que el Abecé citado más arriba, y en relación con el mismo curso "escurialense" sobre la traducción, se leía lo siguiente: "Acerca de la reciente polémica sobre la traducción al alemán de la obra de Federico García Lorca los especialistas [sic] reunidos en El Escorial evitaron calificar su calidad. Pero se refirieron a su grandeza y su miseria [¿?]. Lo importante es que gracias a la traducción Lorca es considerado en Alemania uno de los grandes autores literarios". De modo que la Magna Synodus Laurentina uel Scorialensis ha convocado a un tipo de "especialistas" cuya función no es centrar su atención sobre la calidad sino que "lo importante" es para ellos, al igual que para el Ministerio de Cultura, la mera eficacia en alcanzar, maguer sea con detestables traducciones, el fin que el Director General del Libro enuncia, por su parte, como "proyectar en el extranjero la literatura española".

Si los notoriamente rústicos y casi iletrados alemanes padecen tanta indigencia cultural que la caritativa acción de socorrerlos con poesías de García Lorca no puede demorarse ni un día más, ¿cómo van a entretenerse ahora los expertos en cominerías y refinamientos sobre la mejor o peor calidad de las versiones?; y además, ¿sabrá un burro lo que es un caramelo? Mi opinión, sin embargo, es que tanto en el caso de que a los alemanes, a pesar de su muy reciente acceso a la cultura y al mundo de las letras y las ciencias, la necesidad de afianzarse en esa vía no les hiciese tan perentoria la lectura de las poesías de Lorca, y justamente de éstas, que no pudiesen esperar todavía meses o años sin mayor detrimento ni graves consecuencias, como en el caso de que, en cambio, corriesen auténtico peligro o amenaza inminente de recaer de un día para otro en su recién superado analfabetismo, y la necesidad de leer la obra de Lorca comportase para ellos la extrema urgencia de una única y última tabla de salvación, tanto en un caso como en otro, digo, puestos a traducir al alemán las poesías de García Lorca, más vale traducirlas bien que traducirlas mal.

Pero si de lo que se trata en realidad con semejantes traducciones de autores españoles a lenguas extranjeras no es de hacer la obra de misericordia de "enseñar al que no sabe", por muy fuera de lugar que pueda estar, sino de otra operación muy diferente, o sea la de que tras haber visto, por ejemplo, en la palabra y en la voz de García Lorca, mirado, por supuesto, con la congénita vileza de mirada de cualquier agencia de publicidad, las posibilidades de un "creativo" (una palabra ya casi exclusiva de la jerga de los publicitarios, que recurren a ella hasta la náusea y deben de ser los únicos para los que reserva los secretos de algún significado) susceptible de ser habilitado y explotado con las máximas expectativas de rentabilidad -incluyendo, naturalmente, en ellas el aura sobreañadida de su condición de poeta-, el Ministerio de Cultura actual (sin que ello quiera decir que los anteriores fuesen a estos respectos mejores ni distintos, ya que, entre otras cosas, se cargaron la Editora Nacional cediendo ignominiosamente a las presiones de la industria privada), descuidando su función definitoria de ocuparse de la cultura de los españoles, traduciendo al castellano (del catalán ya he dicho que debe de ser cosa de la Generalitat) obras escritas en lenguas extranjeras, se aplica, en cambio, a fomentar la traducción de autores españoles para los lectores de países extranjeros y hablantes de otras lenguas, como un bastardo y miserable instrumento de propaganda exterior para el "prestigio" del país, sin que le importe un carajo de la obra de García Lorca en cuanto tal, sino tan sólo en su espúreo valor de eslogan publicitario de la acreditada marca España. S.A. ®, entonces la "política del Libro" en nada diferiría de la preocupación del mismo ministerio por que los deportistas españoles "hagan patria, hagan España" en las competiciones internacionales.

Claro está que también la función de los libros y de la lectura está cambiando; el concepto higiénico-estético-sexo-laboral-playero de "mantenerse en forma", que viene uniendo fuertemente la belleza y la salud (véase en las farmacias el eslogan "La salud de tus piernas está de moda"), se extiende ya al propio cerebro. El cerebro tiene el altísimo rango de ser el más singular y exclusivo privilegio humano, que el hombre no tiene ningún derecho de explotar, malbaratar y destruir. Siendo como es el más precioso don divino, estamos obligados a conservarlo, no abusando de él, sino prodigándole los cuidados que se merece, con la gimnasia adecuada y bien dosificada que necesita para "mantenerse en forma". Pues bien, esa gimnasia es la lectura; nadie ha sabido expresarlo más certeramente que el que bien podría ser considerado "el Jane Fonda hispano del intelecto", el señor Sealtiel Alatriste, con este lapidario eslogan: "Leer es poner las neuronas a hacer aerobic".

martes, 5 de febrero de 2019

Connivencia o ruptura?

Procesos de connivencia

"Todas las características de los procesos de connivencia están dominadas por la necesidad fundamental de respetar el ordene establecido; el acusado se declara no culpable y niega los hechos o bien se declara culpable y alega en su favor circunstancias excepcionales." (p. 29).

Procesos de ruptura

"En un proceso de connivencia no hay más que una voluntad de vencer: la de la acusación. En un proceso de ruptura, hay dos. (...) La ruptura transtorna toda la estructura del proceso. Los hechos pasan a un segundo plano, así como las circunstancias de la acción; en primer plano aparece bruscamente la impugnación total del orden público". (p. 64).

La elección del acusado

"Un proceso no es una trampa del destino. Su desarrollo depende de la elección del acusado. En ningún otro momento le son dads a un hombre tantas posibilidades de vencer a tantas fuerzas coaligadas. Sólo está desarmado el que arroja sus armas. Se ha dicho que la ambición del que no tiene competencia es un crimen; también lo es la desdicha del que no tiene valor." (p. 127).

Referencia

Jacques Vergès (1968). Estrategia judicial en los procesos políticos. Anagrama, colección Argumentos 391. Primera edición, 1970. Reedición de 2009. Traducción de María Teresa López Pardina, con posfacio de Jorge Herralde. 159 páginas. 

jueves, 15 de noviembre de 2018

Tres consejos

"El primero es que nunca dejes caminos para ir por sendas; el segundo, que en lo que no te importa, nunca te metas; y el tercero, que antes que vayas a hacer una cosa, la pienses tres veces."

Azcaria Prieto de Castro

jueves, 17 de mayo de 2018

El inicio de las guerras culturales

Este artículo sobre Julia Kristeva, que podría decirse que hace leña del árbol caído, tiene como mérito mostrar cómo se inició la corriente de pensamiento que comenzó con el posmodernismo y que por ahora nos ha llevado a las guerras culturales en Internet. Situémonos en la Francia post-Mayo del 68:

In consequence, French intellectual life was wholly transformed. The Sartrean model of the engaged intellectual was upheld, but its content was totally reconfigured. Insight into the debilities of political vanguardism impelled French writers and thinkers to reevaluate the Dreyfusard legacy of the universal intellectual: the intellectual who shames the holders of power by flaunting timeless moral truth…. The Maoists started out as political dogmatists and true believers. But they soon found it impossible to reconcile their pro-Chinese ideological blinders with the emancipatory spirit of May. Once they ceased deluding themselves with revolutionary slogans, they began to understand politics in an entirely new light. The idea of cultural revolution was thereby wholly transformed. It ceased to be an exclusively Chinese point of reference. Instead it came to stand for an entirely new approach to thinking about politics: an approach that abandoned the goal of seizing political power and instead sought to initiate a democratic revolution in mores, habitudes, sexuality, gender roles, and human sociability in general.

miércoles, 25 de abril de 2018

Josep Pla sobre Stalin y Trotsky

En su homenot sobre Sadurní Ximénez, Josep Pla se refiere a la lucha entre Stalin y Trotsky por el poder después de la muerte de Lenin. El fragmento fue escrito después de que ocurrieran los hechos:
En aquell moment la premsa començava a ocupar-se del duel Stalin-Trotski pel domini de l'organisme de la policia política, o sia de l'Estat. (...) Aquell duel es presentà entre un home tenaç, tossut, callat, taujà, dur com una pedra, impermeable a tot sentimentalisme possible, i un israelita brillant, de formes mentals a la francesa, orador, treballador de bursada, un remolí de sensibilitat i nervis. No semblava pas que hi pogués haver dubtes sobre la resolució de l'afer. Era una repetició del duel Lenin-Kerensky.
Visto en retrospectiva, calificar a Stalin de taujà es cuanto menos impreciso.

viernes, 26 de enero de 2018

El partido político

Gramsci sobre los elementos de un partido político:
Para que exista un partido es necesario que confluyan tres elementos fundamentales (propiamente, tres grupos de elementos):
1) Un elemento difuso, de hombres comunes, medios, cuya participación está posibilitada por la disciplina y la fidelidad, no por un espíritu creador y muy organizado. (...)
2) El elemento principal de cohesión, que centraliza en el ámbito nacional, que da eficacia y potencia a un conjunto de fuerzas que, abandonadas a sí mismas, contarían cero o poco más; (...)
3) Un elemento medio que articule el primero con el segundo, los ponga en contacto no solamente "físico", sino también moral e intelectual.
Antonio Gramsci. Antología. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán. Akal, reimpresión de 2015. (p. 311-312).

viernes, 13 de octubre de 2017

Tipografía digital

En 1928, Walter Benjamin publicó Calle de sentido único, una colección de aforismos que había ido escribiendo durante años. En Material didáctico dice (p. 34):

La máquina de escribir sólo enajenará del portaplumas la mano del literato cuando la provisión de formas tipográficas intervenga inmediatamente en la concepción de sus libros. Presumiblemente serán entonces menester nuevos sistemas con configuración tipográfica más variable. Sustituirán la mano corriente por la inervación de los dedos imperiosos.

Esta visión no se plasmaría hasta los años ochenta, cuando se comercializaron los primeros Macintosh. El propio Steve Jobs se hizo consciente de la importancia de la tipografía cuando asistió a un curso de caligrafía en la Universidad de Reed, impartido por el monje trapense Robert Palladino. Fue Susan Kare la que diseño los iconos y tipografías digitales para Macintosh.

Referencia

Walter Benjamin. Calle de sentido único. Akal, básica de bolsillo, 2015. 96 páginas. ISBN 978-84-460-4090-3. Título original: Einbahnstrasse. Traducción de Alfredo Brotons Muñoz.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Pasajes

Walter Benjamin nos define los pasajes del París del Segundo Imperio mediante una cita de una guía ilustrada de París de 1852:

Los pasajes, una invención reciente del lujo industrial, son unos corredores protegidos con techo de vidrio y revestidos de mármol, que atraviesan masas enteras de casas cuyos propietarios se han unido para impulsar tales especulaciones. A ambos lados de estos corredores, cuya luz les entra por arriba, se suceden las tiendas elegantes, con lo cual un pasaje es una ciudad, un mundo en pequeño.

Hoy en día sobreviven algunos de estos pasajes: la Galeria Vittorio Emanuele II de Milán, las Galeries Royales Saint-Hubert en Bruselas, la Galleria Umberto I de Nápoles o el Passage de San Petersburgo. Todos ellos construídos en la mitad del siglo XIX.



En Barcelona, lo más parecido que hubo a los pasajes fue la Avenida de la Luz, inaugurada en 1940. Hoy en día el buena parte de la Avenida está ocupada por la tienda Sephora de la parada de Plaça Catalunya de FGC.

lunes, 14 de agosto de 2017

Diario de Moscú

"En mi habitación leo a Proust mientras devoro mazapán."
(10 de diciembre, p. 21).

"Del estilo pequeñoburgués de decoración siempre forma parte lo completo: las paredes deben estar cubiertas de cuadros, el sofá de almohadones, los almohadones de fundas, las consolas de figuritas, las ventanas de cristales multicolores."
(15 de diciembre, p. 37).

"(...) se me grabó aún más profundamente mi antigua máxima de viaje: no seguir el consejo de personas que lo den sin habérselo pedido."
(28 de enero, p. 181).

Walter Benjamin
Diario de Moscú
Abada Editores, 2015. 200 páginas. ISBN
Edición de Rolf Tiedemann y Hermann Scheweppenhäuser. Traducción de Alfredo Brotons Muñoz.

lunes, 5 de junio de 2017

Hanlon y Goodhart

Con mucha frecuencia encuentro que puedo explicar muchas situaciones recordando dos principios, que pongo ahora juntos para no tener que buscarlos más:


Nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez. Un llamamiento a la prudencia sobre el excesivo optimismo acerca de la condición humana.


Cuando un indicador socioeconómico u otra medida sustituta se convierte en el objetivo de políticas socioeconómicas, pierde el contenido informativo que podía cualificarla para jugar ese papel. De especial relevancia en el mundo académico.

sábado, 20 de mayo de 2017

Viaje a Armenia (19 de mayo)

AF1061, AF1548

Bien AF1061. Retraso de una hora en AF1548. De nuevo en casa.

Lecturas

La cabina del avión da una oportunidad a la lectura y la concentración. Leo Rardin y Uzsoy (2001). Lectura instructiva, con uso mejorable de métodos estadísticos.

Acabado el artículo, releo los primeros cuentos de Laúd y Cicatrices. La comparación con Borges no hace justicia a Danilo Kiš. Luego sigo escalando Por el ojo de una aguja. Este párrafo arroja luz sobre el concepto de pobreza de espíritu (p. 360):
Los sabios optaban por la "no riqueza". No elegían la miseria, sino el hecho de darse por contentos con lo que tenían y de evitar los peligros sociales y políticos, muy reales, que acompañaban a la búsqueda activa de riquezas.
También es de interés este otro (p. 363) sobre el origen de la vida monástica:
Como muchos intelectuales cristianos, Agustín se esforzaba por no tener en poco a los clérigos. Con todo, dicha tarea no resultaba sencilla. Como hemos visto, los clérigos era, por lo general, personas de clase media o baja y su trabajo consistía en guiar a las masas. Sin embargo, en el año 388, Agustín opinaba que eso les dejaba poco tiempo para buscar la sabiduría filosófica que curaba realmente el alma. Eso era lo que él y sus acaudalados amigos esperaban hacer en una pequeña comunidad de su propia creación.

Diáspora

Cherilyn Sarkisian, Cher, cantante.

Andre Kirk Agassian, Andre Agassi, Tenista.

Referencia

Rardin, R. L., & Uzsoy, R. (2001). Experimental evaluation of heuristic optimization algorithms: A tutorial. Journal of Heuristics, 7(3), 261-304.

domingo, 5 de marzo de 2017

Casi prediciendo Internet

Uno de los valores que se atribuye a la ciencia ficción es el de poder prever cómo será el futuro. Está claro que el fracaso de la ciencia ficción en ese sentido es clamoroso: no llevamos trajes con mallas brillantes y nuestro programa de exploración de otros planetas lleva un notable retraso. Pero a cambio contamos con algo que pocas novelas y películas de ciencia ficción predijeron: Internet.

Stanislaw Lem estuvo a punto de predecir Internet en su primera novela, Astronautas, publicada en 1951 y ahora recuperada por Impedimenta en una estupenda edición. Hacia el principio de la novela, Lem dice:

La enorme capacidad de Cerebro resultó ser insuficiente en varias ocasiones para realizar todos los cálculos necesarios. Cuando esto ocurría, los transmisores automáticos conectaban los cables subterráneos que unían el Cerebro Principal con otros cerebros ubicados en la zona de Leningrado. El que prestaba su ayuda con mayor frecuencia era el Cerebro Electrónico del Instituto de Aerodinámica Teórica.

Dejando aparte la terminología, es de las pocas veces que se han conectado ordenadores entre sí en la SF. Este hecho resultó ser mucho más determinante que el hecho de llevar un cohete a Venus, hecho que consume gran parte del argumento del libro.

sábado, 27 de febrero de 2016

Chivo expiatorio

En el Cultura|s del 6 de febrero, Tamara Djermanovic escribe un reportaje sobre Svetlana Aleksiévich, Nobel del alma noble, donde relata lo siguiente:

La autora recuerda la historia de una anciana en un pueblo pequeño a la que veía siempre excluida de todas las celebraciones populares; al final se enteró que esta mujer, en la guerra, para salvar a la gente del pueblo cuando todos huyeron de los alemanes y estaban escondidos junto a un pantano, decidió ahogar a la más pequeña de sus cinco hijas que no dejaba de chillar, para que no les delatara.