My most serious failure, according to Mr.Wilson.,“is one of interpretation." Had he read my commentary with more attention he would have seen that I do not believe in any kind of “interpretation" so that his or my "interpretation" can be neither a failure nor success. In other words, I do not believe in the old-fashioned, naive, and musty method of human-interest criticism championed by Mr. Wilson that consists of removing the characters from an author's imaginary world to the imaginary, but generally far less plausible, world of the critic who then proceeds to examine these displaced characters as if they were "real people."
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sábado, 10 de agosto de 2019
Crítica literaria anglosajona
En su reseña de la traducción de Eugenio Onegin de Vladimir Nabokov, Edmund Wilson intenta dar lecciones de ruso y de traducción a Nabokov. La respuesta de éste es devastadora, e incluye una precisa descripción de la crítica literaria anglosajona, más preocupada por si el autor es "compasivo" o deja de serlo, en vez de discutir los méritos del libro.
miércoles, 7 de agosto de 2019
Kafka y Nabokov
La primera página de la traducción inglesa de La transformación de Franz Kakfa, con notas de Vladimir Nabokov (fuente).
Examen
Esta descripción de un examen apareció en la entrevista que Alvin Toffler hizo a Vladimir Nabokov para Playboy, recopilada en Strong Opinions:
For some reason my most vivid memories concern examinations. Big amphitheater Goldwin Smith. Exam from 8 A.M.to 10:30. About 150 students--unwashed, unshaven young males and reasonably well-groomed young females. A general sense of tedium and disaster. Half-past eight. Little coughs, the clearing of nervous throats, coming in clusters of sound, rustling of pages. Some of the martyrs plunged in meditation, their arms locked behind their heads. I meet a dull gaze directed at me, seeing in me with hope and hate the source of forbidden knowledge. Girl in glasses comes up to my desk to ask: "Professor Kafka, do you want us to say that...? Or do you want us to answer only the first part of the question?” The great fraternity of C-minus, backbone of the nation, steadily scribbling on. A rustle arising simultaneously, the majority turning a page in their bluebooks, good team work. The shaking of a cramped wrist, the failing ink, the deodorant that breaks down. When I catch eyes directed at me, they are forthwith raised to the ceiling in pious meditation. Windowpanes getting misty. Boys peeling off sweaters. Girls chewing gum in rapid cadence. Ten minutes, five, three, time's up.
viernes, 11 de enero de 2013
Hotel hobbies
Para los que vivimos en casas o apartamentos, vivir en un hotel tiene un aura de glamour y chic. Limpieza diaria de la habitación, servicio de habitaciones (hamburguesa o ensalada césar disponibles las 24 horas del día), etc.
Gran parte del atractivo de esta modalidad de alojamiento viene dado por la fama de algunos residentes permanentes en hoteles de lujo. Es el caso de Xavier Cugat, Julio Camba o Vladimir Nabokov. Pero para el proletariado de los inquilinos permanentes esta opción tiene ventajas e inconvenientes.
En nuestros días, el exponente más conocido de este tipo de vida es Josep Antoni Duran i Lleida. Este personaje clave de la vida política madrileña, con residencia permanente en Barcelona, se hospeda en una lujosa suite del Hotel Palace cuando sus obligaciones como diputado le retienen en Madrid. A saber qué pactos y decisiones se habrán pergeñado (en Madrid las cosas se pergeñan) en esa lujosa suite, uno de los lugares centrales de la política española.
En esta famosa foto, vemos a Duran i Lleida empezar una intensa jornada de trabajo. El huésped ya ha recibido los diarios del día, el desayuno con yogur desnatado, y su dura tarea es aliviada por algunos detalles de gran lujo, como el agua Bezoya en botella de vidrio.
No sé si Duran estaría de acuerdo con el ideal del gran hotel de otro ilustre inquilino permanente, Vladimir Nabokov:
Entrevista de Simona Morini a Vladimir Nabokov, realizada el 3 de febrero de 1972 en Montreux, y publicada en la revista Vogue el 15 de abril del mismo año. Texto completo.
Gran parte del atractivo de esta modalidad de alojamiento viene dado por la fama de algunos residentes permanentes en hoteles de lujo. Es el caso de Xavier Cugat, Julio Camba o Vladimir Nabokov. Pero para el proletariado de los inquilinos permanentes esta opción tiene ventajas e inconvenientes.
En nuestros días, el exponente más conocido de este tipo de vida es Josep Antoni Duran i Lleida. Este personaje clave de la vida política madrileña, con residencia permanente en Barcelona, se hospeda en una lujosa suite del Hotel Palace cuando sus obligaciones como diputado le retienen en Madrid. A saber qué pactos y decisiones se habrán pergeñado (en Madrid las cosas se pergeñan) en esa lujosa suite, uno de los lugares centrales de la política española.
En esta famosa foto, vemos a Duran i Lleida empezar una intensa jornada de trabajo. El huésped ya ha recibido los diarios del día, el desayuno con yogur desnatado, y su dura tarea es aliviada por algunos detalles de gran lujo, como el agua Bezoya en botella de vidrio.
No sé si Duran estaría de acuerdo con el ideal del gran hotel de otro ilustre inquilino permanente, Vladimir Nabokov:
What is your ideal of a splendid grand-hotel?Referencias
Absolute quiet, no radio playing behind the wall, none in the lift, no footsteps thudding above, no snores coming from below, no gondoliers carousing across the lane, no drunks in the corridor. I remember one awful little scene (and this was in a five-turret palace with the guidebook sign of a red songbird meaning luxury and isolation!). Upon hearing a commotion just outside the door of my bedroom, I poked out my head, while preparing my curse-- which fizzled out when I saw what was happening in the passage. An American of the traveling-executive type was staggering about with a bottle of whisky and his son, a boy of twelve or so, was trying to restrain him, repeating: "Please, Dad, please, come to bed", which reminded me of a similar situation in a Chekhov story.
Entrevista de Simona Morini a Vladimir Nabokov, realizada el 3 de febrero de 1972 en Montreux, y publicada en la revista Vogue el 15 de abril del mismo año. Texto completo.
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