domingo, 9 de junio de 2013

Expediente Aliocha Coll

Conocí la obra de Aliocha Coll en 1992, leyendo una entusiasta crítica de Atila en un periódico gratuito durante una clase de una asignatura optativa de Robótica. Llegué a comprar el libro, pero no fui capaz de acabarlo. Resultó ser mejor la crítica que el libro, como le pasaba a veces a Oriol Llopis. He recordado esa crítica leyendo Todo mal vuelve, un cuento de Javier Marías recopilado en Mala Índole donde aparece un trasunto de Aliocha Coll. A continuación se reproduce el artículo que el mismo Javier Marías publicó en diciembre de 1990, libre de algunos errores de escaneado. Acaba el post con varios enlaces relacionados con Aliocha Coll.

La muerte de Aliocha Coll
Javier Marías (EL PAÍS, 1/12/1990)

Hacia 1977, cuando yo formaba parte de un comité asesor de las Ediciones Alfaguara, que dirigía arriesgadamente Jaime Salinas, llegaron a su sede cuatro novelas firmadas por Aliocha Coll, de las cuales me tocó llevarme dos a casa para su lectura e informe, Vitam venturi saeculi y, si mal no recuerdo el título, Ofelia, Casandra y Juana de Arco. Se trataba de un tipo de literatura más bien "imposible" y que nunca me había interesado mucho: antes que intentar definirla con alguna aproximación que a Aliocha Coll no le habría gustado (vanguardismo, experimentalismo, joycismo elevado al cubo), prefiero recordar una página de Ofelia en la que a lo largo de sus 30 renglones sólo figuraba, repetida, la palabra "galopando" ("galopando galopando galopando"), o reproducir unas líneas del otro libro, el único que publicó, en 1982: "Desperté y estaba en pleno arenal el alba era del punto en que aún era posible la noche marcha atrás. Recogí mis armas el rocío había puesto huellas en forma de escama al principio creí que rojas de óxido después que azul de yema de huevo y plata". O bien, a modo de ejemplo extremo (ya que el texto se hace cada vez más quebrado a medida que avanza), las frases finales: "...yo es el rey de nosotros que un dios dio el mundo unombre lo nombró y los dos se envidian con el fuego a la zaga como buenos hermanos ver venir hablar veremos hablar hablaremos venir as asedio puespues endíadis puesto a asa as". [sic]

Sí llegué a interesarme por estas obras y luego por conocer a su autor, ello fue debido a que creí percibir en aquella literatura tan aventurada y a veces difícilmente legible un talento verbal y un sentido del ritmo de primer orden. Cuando vino el momento de conocernos, en Barcelona, recuerdo que esperaba encontrarme con un individuo de aspecto montaraz o estrafalario o iconoclasta; apareció, en cambio, un joven perfectamente trajeado e incluso atildado, de excelentes modales, con un rostro anticuado que parecía salido de los años treinta y con unos conocimientos literarios, musicales, pictóricos y filosóficos que para mí habría querido. En contra de lo que ingenuamente había supuesto al leer sus libros, no sólo no era alguien irrespetuoso frente al pasado, sino que se sentía tan vinculado a él que por eso mismo, explicó, había optado por escribir como lo hacía. "En la literatura todavía no ha llegado Mondrian", dijo. En el avión había venido leyendo a Ovidio en latín.

Llegaba de París, donde vivía desde muy joven, aunque había nacido en Madrid, en 1948, y se había criado en Barcelona, de donde era su familia. A partir de entonces nos escribimos con frecuencia y nos vimos en París con la frecuencia menor que mis viajes allí permitían. Era médico, estaba casado con una francesa de origen chino, vivía de unas rentas y se dedicaba exclusivamente a escribir.

Creo no haber conocido a una persona tan atenta y educada, y se me ha quedado grabada su imagen un día de lluvia en que su mujer, Lysiane, quería ir a comprar plantas y flores a un mercado al aire libre. Mientras ella paseaba y miraba, concentrada en las plantas, Aliocha Coll la seguía, un paso detrás y en la mano un paraguas que, para protegerla debidamente del agua, renunciaba a cubrirle a él, empapado e impertérrito como un antiguo mayordomo.

Cuando se acabaron sus rentas empezó a ejercer como médico, pasó ciertos apuros y padeció alguna otra pérdida. Su única otra obra publicada fue una extraordinaria traducción del Teatro de Marlowe, en versos endecasílabos, que hizo para Clásicos Alfaguara. Antes de su edición nos reunimos un día: él me la leía en voz alta mientras yo seguía el original en inglés, y pocas veces he tenido una sensación de tan perfecto acoplamiento entre dos lenguas.

Después de aquellas primeras novelas apenas si leí nada más de cuanto sin cesar escribía: me envió algunos sonetos, fragmentos de su Ensayo sobre el dolor, que, como el resto, jamás fue publicado pese a los intentos de Carmen Balcells, quien además de la agente de tantas figuras célebres, también lo era de este médico casi desconocido.

Su conversación era quebrada y llena de pausas, pero siempre inteligente y apasionada, una de esas personas, cada vez más escasas, que se involucran en cuanto van diciendo.

Seguro de su talento, yo intentaba convencerle de que probara a escribir cosas más "tradicionales", aunque sólo fuera como divertimiento. Conviene puntualizar que para él era "tradicional" casi todo, incluyendo a Juan Benet en nuestra lengua. Tengo entendido que algunos de sus textos más recientes eran por fin así, más "tradicionales". De ellos sólo sé sus títulos: Laocoonte, La ruta de la seda, Atila. También sé que tradujo cuatro obras de Shakespeare y que investigó sobre el dolor consigo mismo.

'Atila'

Hace unos días, estando casualmente en París, me enteré de su muerte, ocurrida el pasado 15 de noviembre. Murió por su propia mano, y al parecer justo antes se hallaba eufórico, pese a que su situación personal no era fácil en los últimos años, circundado por la enfermedad, las de sus pacientes y la de alguien muy próximo. Según me cuentan, acababa de concluir ese título, Atila, que consideraba su última obra. Consideró asimismo que nada le quedaba por hacer y puso fin a su vida, con serenidad, incluso con frialdad, de manera que no pudiera fallar, y los médicos nunca fallan en estos lances.

Resulta extraño que alguien que apenas publicó en vida asociara tanto la vida a lo que escribía. Acabado el papel se acabó la vida. Resulta extraño en alguien que tampoco hizo nunca muchos esfuerzos por publicar las obras que, una tras otra, seguía escribiendo impávido, guardando en un cajón, enseñando parcialmente a un amigo de cuando en cuando.

Su talento verbal, insisto, era formidable. Tenía 42 años. Si publicar esas obras fue difícil en su vida, supongo que no lo será menos porque haya muerto, y quizá por ello haya que esperar aún mucho tiempo para ver cómo había evolucionado ese talento desde Vitam venturi saeculi.

En la dedicatoria que escribió en mi ejemplar dice así: "Para Javier, mi amigo, y mi compañero errante de palabras, de silencios y de siglos". Su verdadero nombre era Javier, así que podría decirle lo mismo sin cambiar una palabra. Por los siglos venideros.

Referencias

A propósito de Aliocha Coll, por Javier Marías

Aliocha Coll, en la línea de sombra, por Patricio Pron

Crítica de Atila, por Rafael Conte

sábado, 1 de junio de 2013

Inventario mayo 2013

Libros comprados

Jesús Carrasco
Intemperie
Seix Barral

Slavoj Zizek, León Trotsky
Slavoy Zizek presenta a Trotsky: Terrorismo y comunismo
Akal

Javier Marías
Mala índole
Alfaguara

George Stuart Fullerton
An introduction of Philosophy
Edición de Kindle

Este mes, he comprado todos los libros en edición electrónica.

Libros leídos

Danilo Kiš
Lección de anatomía
Acantilado 262. Barcelona, 2013. 375 páginas.
ISBN 978-84-15689-25-6
Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek

Lo que Danilo Kiš tiene que decir sobre las acusaciones de plagio de Un día en la vida de Boris Davídovich. Por el mismo precio, el libro incluye un fisking de dos obras de los escritores que orquestaron la campaña en su contra, hoy ya olvidados.

Anselmo Santos
Stalin el Grande
Edhasa Ensayo Histórico. Barcelona, 2012. 700 páginas.
ISBN 978-84-350-2578-2

Más que una biografía al uso, este libro es una crónica de la época estalinista en la Unión Soviética, que no puede entenderse si no es en relación con la personalidad de su Jefe Supremo. Aunque educado en el ejército franquista, el autor es un gran admirador de Stalin. Desde el punto de vista de la historiografía, se nos presenta un Stalin con gran visión estratégica, en contraposición al Stalin paranoico y miedoso de los historiadores británicos. Se olvidan, sin embargo, algunos detalles de la historia, como las tremendas hambrunas de Ucrania narradas en Vida y destino.

Jesús Carrasco
Intemperie
Seix Barral. Barcelona, 2013. 128 páginas.
ISBN 978-84-322-1529-2 (epub)

Una versión sedienta de La Carretera de Cormac McCarthy con ecos de Delibes (por el uso del lenguaje) y del Buñuel de Las Hurdes, tierra sin pan.

lunes, 20 de mayo de 2013

El aparejo del burro


Fragmento de las páginas 29-30 de Intemperie, de Jesús Carrasco:

Durante el desayuno asistió, por vez primera, al aparejo del burro. Una liturgia que él mismo habría de reproducir el resto de su vida y que, con el tiempo, pasaría a formar parte de un ritual mayor: el del oficio y el tránsito.

El viejo agarró al burro por la cabezada y tiró de ella hasta que el asno se puso de pie. Sin destrabarlo, colocó sobre su lomo un albardón largo de lona armada. Encima dispuso un ropón de arpillera raída y luego una albarda de centeno cuyo ataharre el viejo pasó por debajo de la cola. Antes de cargar al animal, redistribuyó el relleno de paja, que con el trasiego se había acumulado en las partes bajas del aparejo. Lo aseguró todo con una cincha de esparto gruesa que apretó bajo la panza de la bestia. Encima de la albarda extendió el mandil, lo que hizo al chico recordar el momento de la misa en el que el cura volvía al altar después de haber dado la comunión. Con la ayuda del monaguillo, iba apilando sobre el cáliz el corporal, la patena, el purificador y la llave del sagrario.

Por último, el viejo cruzó sobre el mandil cuatro aguaderas de esparto unidas entre sí, acomodando dos en cada flanco. El burro, que hasta el momento se había mostrado tranquilo, hizo ademán de iniciar la marcha. El viejo le acarició la frente y le metió los dedos por el tupé que asomaba entre las orejas y el asno volvió a la calma.

Definiciones tomadas del DRAE:

cabezada
6. f. Correaje que ciñe y sujeta la cabeza de una caballería, al que está unido el ramal.

albarda [~ albardón].
1. f. Pieza principal del aparejo de las caballerías de carga, que se compone de dos a manera de almohadas rellenas, generalmente de paja y unidas por la parte que cae sobre el lomo del animal.

arpillera
1. f. Tejido por lo común de estopa muy basta, con que se cubren determinadas cosas para defenderlas del polvo y del agua.

ataharre
1. m. Banda de cuero, cáñamo o esparto que, sujeta por sus puntas o cabos a los bordes laterales y posteriores de la silla, albarda o albardón, rodea los ijares y las ancas de la caballería y sirve para impedir que la montura o el aparejo se corran hacia adelante.

cincha
1. f. Faja de cáñamo, lana, cerda, cuero o esparto, con que se asegura la silla o albarda sobre la cabalgadura, ciñéndola ya por detrás de los codillos o ya por debajo de la barriga y apretándola con una o más hebillas.

sábado, 4 de mayo de 2013

La pesadilla

Algunos fragmentos del artículo de Antoni Marí y Octavi Rofes sobre las pesadillas. Me ha llamado la atención, puesto que nunca recuerdo haber experimentado algo semejante. El cuadro es "La pesadilla", de Johan Heinrich Füssli, y es sugerido en el mismo artículo.


"La pesadilla es un tono grave, severo y denso, por el que es muy difícil avanzar por lo compacto del aire que lo enrarece todo; por esta razón el color de la pesadilla es de un gris de plomo por la pesadez compacta de la materia onírica. (...) La pesadilla es una atmósfera, el espacio de influencia que impone una persona, una cosa, un recinto; a menudo es un espacio angosto, laberíntico, circular, incomensurable."

"En la guerra de los sueños, el antropólogo Marc Augé describe una situación aterradora: coincidir con el vecino en el ascensor y que [éste] narre el mismo sueño que uno mismo ha podido tener esa misma noche."


Referencias

Augé M. La guerra de los sueños: ejercicios de etno-ficción. Gedisa, 2010.
Marí A, Rofes O. La pesadilla. Cultura|s 566, 2010. pp. 2-3.

sábado, 27 de abril de 2013

Inventario abril 2013

Libros comprados

Enric González
Memorias líquidas
Jot Down Books. Sevilla, 2013.

Paul Feyerabend
Filosofía natural
Random House Mondadori. Barcelona, 2013.

Libros regalados

William Faulkner
Ensayos & discursos
Capitán Swing. Madrid, 2012.

G. K. Chesterton
El hombre que sabía demasiado
Acantilado. Barcelona, 2007.

Libros leídos

Jesús Hernández, Álvaro Delgado-Gal y Xavier Pericay (eds.)
La universidad cercada: Testimonios de un naufragio
Anagrama, colección Argumentos 450. Barcelona, 2013. 388 páginas.
ISBN 978-84-339-6352-9

Paula Fox
Personajes desesperados
El Aleph Editores, Modernos y Clásicos de El Aleph 221. Barcelona, 2012. 175 páginas.
ISBN 978-84-15325-53-6
Traducción de Rosa Pérez Pérez

Un perfectamente engrasado artefacto literario que narra un fin de semana de una pareja enfrentada a accidentes que casi resultan fatales (una mordedura de gato que puede ser rabioso o no, una piedra que rompe un cristal en la casa de su anfitrión, un amenazador y estrafalario vecindario), y a una visita a una pareja anciana, que bien podría ser en lo que se convertirán dentro de unos años. Dos vidas, por tanto, enfrentadas a la callada desesperación.

Fernando Pessoa
La hora del diablo
Acantilado, Cuadernos 1. Barcelona, 2003 (reimpresión de 2006). 79 páginas.
ISBN 84-96136-17-5
Traducción de R. Vilagrassa

Una exquisita edición de una obra temprana de Pessoa, pues la escribió en Durban antes de regresar a Portugal e iniciar su carrera literaria. En ella se nos cuenta cómo el Diablo (un personaje de rostro rojo en un baile de disfraces) rapta a María y le proporciona a través de un sueño las enseñanzas que, al recordarlas, permitirán a su hijo convertirse en poeta. Pues para Pessoa el Diablo es la contrafigura de Dios. Dios es y representa el Sol y la creación, y el Diablo es su oposición, puesto que es y representa la Luna y los sueños y la imaginación.

El libro se complementa con el estudio Hora y alcance de la hora del diablo, de Teresa Rita Lopes, profesora jubilada y experta en la obra de Pessoa.

Marco Tulio Cicerón
El sueño de Escipión
Acantilado, Cuadernos del Acantilado 9. Barcelona, 2004. 52 páginas.
ISBN 84-96136-61-2
Traducción y nota preliminar de Jordi Raventós

Todo aquel que quiera dedicarse a la política debería leer el sueño de Escipión. Puede hacerlo en esta estupenda (y cara) edición de los Cuadernos del Acantilado.

Enric González
Memorias líquidas
Jot Down Books. Sevilla, 2013. 181 páginas
ISBN 978-84-616-2397-6

Enric González lleva casi cuarenta años en el periodismo y ha sido corresponsal en seis ciudades diferentes y ha estado en cuatro periódicos distintos. Todo este currículum no se cuenta en 180 páginas. Así que este libro es una colección de anécdotas, muchas de ellas asociadas a la dipsomanía (de ahí el título del libro). También contiene opiniones contundentes sobre algunas figuras señeras del periodismo, muy especialmente de Juan Luis Cebrián.

Por tanto, chismes y maledicencia. A pesar de todo, Enric González escribe muy bien, y el libro vale la pena, si se han leído las Historias antes, claro.



Ley de potencia

Algunos fenómenos cuyos valores se distribuyen según una ley de potencia:
  1. Frecuencia de palabras en un texto (bibliogramas)
  2. Citas realizadas en artículos científicos
  3. Visitas recibidas por páginas web
  4. Ejemplares de libros leídos
  5. Número de llamadas de telefónicas recibidas
  6. Magnitud de terremotos
  7. Diámetro de cráteres de la Luna
  8. Intensidad de los rayos gamma en manchas solares
  9. Intensidad de guerras
  10. Fortunas de las personas más ricas
  11. Frecuencias de apellidos
  12. Población de ciudades y núcleos urbanos
  13. Víctimas de atentados terroristas
  14. Número de vuelos programados en aeropuertos
Los ejemplos están tomados de Newman (2004), excepto los dos últimos.


Referencias

Clauset, A.; Maxwell, Y.; Gleditsch, K. S. (2007). On the frequency of severe terrorist events.
Guimerá, R.; Mossa, S.; Turtschi, A.; Amaral, L. (2005). The worlwide air transportation network: Anomalous centrality, community structure and cities' global roles. PNAS, 102 (22), 7794-9.
Newman, M. E. J. (2004). Power laws, Pareto distributions and Zipf's law.

domingo, 21 de abril de 2013

La paulatina destrucción de la universidad española


Jesús Hernández, Álvaro Delgado-Gal y Xavier Pericay (eds.)
La universidad cercada: Testimonios de un naufragio
Anagrama, colección Argumentos 450. Barcelona, 2013. 388 páginas.
ISBN 978-84-339-6352-9


Una recopilación de opiniones sobre la universidad española de dieciocho catedráticos ya jubilados (algunos de ellos anticipadamente). La selección de autores es diversa en cuanto a áreas de conocimiento (hay profesores de letras, ciencias e ingeniería), pero no tan diversa desde el punto de vista ideológico (liberales, Ciutadans-UPdyD). La recopilación ha salido tarde: la mayoría de críticas son al llamado "Plan Bolonia" y al (frustrado) intento de desarrollar el Estatuto del PDI. En todo caso, el tono del libro no es tan catastrofista como su título. Pero bueno, bien hay que vender. He seguido una lógica similar al titular el post.

Las percepciones de los autores varían según la formación de cada uno. Los catedráticos de ingeniería y ciencias de la vida constatan que desde los años sesenta se ha ido construyendo una cierta capacidad investigadora en la universidad española, mientras que los de letras y ciencias sociales tienen una visión bastante negativa de la transformación en universidad de masas de la universidad española. Por ejemplo, Gabriel Tortella llega a decir que "los títulos universitarios españoles son de los más devaluados del mundo occidental".

El artículo mejor escrito es el de Jordi Llovet, que refleja el sentir general de los catedráticos de letras.   Emilio Lamo de Espinosa, que fue Secretario General de Universidades con el primer gobierno socialista (1982-1985), y por tanto co-responsable del desaguisado según sus colegas, hace una buena exposición de la evolución del sistema después de la transición. El artículo más interesante, desde mi punto de vista, es el de Víctor Pérez Díaz, que realiza una muy aguda exposición de la sociología de nuestro sistema universitario.